Los jóvenes de 15 a 24 años lideran el uso de internet en México; escuelas y plataformas ajustan estrategias frente a la saturación.
El regreso a clases 2026-2027 llega con un reto menos visible que los útiles o el transporte: la atención digital de los estudiantes. Las pantallas son indispensables para estudiar, investigar y comunicarse, pero también concentran notificaciones, redes sociales y publicidad.
El fenómeno ocurre en un país cada vez más conectado. La Secretaría de Educación Pública (SEP) inició formalmente el ciclo escolar el 31 de agosto, con un calendario de 185 días para educación básica.
Los datos más recientes del INEGI muestran que 86.1% de la población de seis años o más utilizó internet durante 2025. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, la proporción alcanzó 97.6%, la más alta entre todos los grupos de edad.
Más conexión no significa más concentración
La conectividad creció, pero medir cuánto tiempo pasan conectados los jóvenes requiere distinguir entre distintas ediciones de la encuesta.
La ENDUTIH 2025 cambió los grupos de edad y no incluyó el indicador de horas diarias por edad publicado un año antes. En 2024, los mexicanos de 18 a 24 años reportaron 5.7 horas diarias de uso de internet.
Ese mismo año, 97% de ese grupo utilizaba internet. Para 2025, el INEGI agrupó a las personas de 15 a 24 años y registró una penetración de 97.6%.
El dato ayuda a dimensionar la cantidad de tiempo que compite por la mirada del usuario. Clases, tareas y lecturas conviven con mensajes, videos, juegos, redes y anuncios.
Los 47 segundos necesitan contexto
Una de las cifras más llamativas sobre este fenómeno procede del trabajo de Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California, Irvine.
Sus estudios encontraron que, en 2004, las personas permanecían alrededor de dos minutos y medio en una pantalla antes de cambiar. Hacia 2012, el promedio había bajado a 75 segundos.
En mediciones más recientes, el promedio ronda los 47 segundos, con una mediana cercana a 40 segundos. Mark también ha encontrado una asociación entre cambios frecuentes de atención y mayores niveles de estrés.
Los 47 segundos no significan que una persona haya perdido la capacidad de concentrarse después de ese tiempo. La medición registra cuánto permanece alguien en una pantalla antes de cambiar hacia otra actividad digital.
Esa diferencia resulta importante. Leer un libro, resolver un problema matemático o estudiar durante media hora sigue siendo posible, aunque el entorno digital ofrezca constantes oportunidades para interrumpirse.
La UdeG ya prueba periodos sin celular
El problema también comenzó a generar respuestas dentro de las instituciones educativas.
La Universidad de Guadalajara (UdeG) puso en marcha durante el calendario 2026-B la estrategia Presente. El programa piloto busca recuperar periodos de concentración y convivencia dentro de algunas preparatorias.
La iniciativa contempla guardar físicamente los celulares durante determinados momentos escolares. También incluye una pausa diaria de convivencia analógica, lectura impresa, apuntes a mano y actividades sin dispositivos.
El diagnóstico del Sistema de Educación Media Superior señala que entre 90 y 95% de los adolescentes jaliscienses de 14 a 19 años tiene smartphone. El promedio estimado de conexión alcanza 4.5 horas diarias.
La institución relaciona las interrupciones constantes con menor capacidad para mantener la atención y retener información. También advierte efectos sobre convivencia, bienestar emocional y exposición a riesgos digitales.
Son datos de un diagnóstico institucional en Jalisco, no de una encuesta representativa de todos los estudiantes mexicanos. Sin embargo, muestran cómo algunas escuelas ya están abordando la hiperconexión.
La publicidad también compite por unos segundos
Esta fragmentación afecta igualmente a las marcas. Mostrar un anuncio ya no garantiza que alguien realmente lo observe.
Aquí aparece la llamada fatiga publicitaria. Cuando varias aplicaciones presentan anuncios, mensajes patrocinados, ventanas y recomendaciones durante todo el día, la exposición puede terminar convertida en ruido.
US Media, representante comercial exclusivo de publicidad de WeTransfer en América Latina, propone aprovechar espacios asociados con una tarea concreta. En este caso, enviar o recibir archivos.
WeTransfer utiliza fondos publicitarios de pantalla completa, conocidos como wallpapers. Aparecen dentro del entorno utilizado para transferir archivos y no necesitan abrir una ventana emergente adicional.
Para estudiantes, profesores y profesionales, ese momento puede coincidir con el envío de presentaciones, videos, fotografías, proyectos o documentos demasiado pesados para un correo convencional.
“Las audiencias jóvenes conviven con una gran cantidad de estímulos digitales y, por ello, la atención se ha convertido en un recurso cada vez más valioso y limitado”, señaló Bruno Almeida, CEO de US Media.
El directivo considera relevantes los formatos que se incorporan de manera menos intrusiva a actividades digitales cotidianas.
¿150 veces más atención? El estudio detallado dice 133
El material difundido para el regreso a clases señala que los anuncios de WeTransfer pueden conseguir hasta 150 veces más atención que un anuncio gráfico convencional.
Esa cifra aparece en algunos materiales comerciales. Sin embargo, el informe público detallado elaborado por WeTransfer Advertising y Lumen Research ofrece actualmente otra comparación.
El estudio reporta 133 veces más atención que un anuncio gráfico típico de escritorio. También calcula 26 veces frente a publicidad en el feed de Instagram y cuatro veces frente a un anuncio no saltable de YouTube.
Los anuncios de WeTransfer acumularon, en promedio, 12,900 segundos de atención por cada 1,000 impresiones. El indicador combina cuántas personas miraron el anuncio y durante cuánto tiempo.
La investigación utilizó seguimiento ocular con 1,050 participantes expuestos a 28 anuncios. Las pruebas se realizaron en Estados Unidos y Reino Unido, no en México.
Esa limitación importa al trasladar los resultados al regreso a clases mexicano. El estudio mide rendimiento publicitario dentro de WeTransfer, pero no demuestra que un formato similar producirá idénticos resultados entre estudiantes mexicanos.
Menos interrupción también es mejor experiencia
El debate va más allá de comprobar qué publicidad consigue más segundos de mirada.
Para el usuario, un anuncio ocupa parte de su atención independientemente de su formato. Una pieza integrada puede resultar menos molesta que una ventana emergente, aunque continúa siendo comunicación comercial.
Esa diferencia cobra importancia durante tareas que exigen concentración. Escribir, estudiar, investigar o preparar una presentación pierde eficiencia cuando cada aplicación intenta obtener una respuesta inmediata.
Una estrategia sencilla consiste en silenciar notificaciones durante bloques de estudio. También ayuda mantener fuera de la vista las aplicaciones que no forman parte de la actividad académica.
El teléfono puede permanecer disponible para emergencias sin convertirse en acompañante permanente de cada tarea. Los modos de concentración de Android y iPhone permiten limitar avisos durante horarios determinados.
El verdadero desafío del regreso a clases
La tecnología seguirá dentro del aula y del hogar. El desafío consiste en decidir cuándo debe ayudar y cuándo empieza a interrumpir.
Los estudiantes necesitan internet para investigar, intercambiar archivos, trabajar en equipo y utilizar plataformas educativas. El mismo dispositivo también ofrece entretenimiento ilimitado a pocos movimientos de distancia.
Las escuelas comienzan a experimentar con periodos de desconexión. Las plataformas y anunciantes, mientras tanto, buscan formatos capaces de obtener atención sin añadir nuevas interrupciones.
Para el usuario final, recuperar el control resulta más importante que abandonar la tecnología. La atención digital de los estudiantes se ha convertido en un recurso que aplicaciones, contenidos y publicidad compiten por obtener.
